... anunciamos nuestro positivo a la familia.
El día anterior nos habían dado la gran noticia de que la beta había sido positiva y era bastante alta. Estábamos bastante agobiados con los manchados que tenía, pero al tranquilizarnos desde la clínica, nosotros algo respiramos.
Nuestra familia no sabía nada de que nos habíamos sometido a un tratamiento. Pensaban que estábamos a la espera de empezar ya que les dijimos que desde el IVI nos habían pautado seguir esperando para que se regenerara bien mi útero después de las dos operaciones.
En verdad yo no quería decir nada hasta que estuviera más avanzada, pero mi chico dijo que qué tontería, que mejor compartir nuestra alegría con la familia y si luego llegaba la pena pues también la compartiríamos, pero por lo menos no era solo los sinsabores. Total que me convenció.
Ese día mi hermano se compraba el traje para su boda, así que me fui con él, con mis padres, la suegra de mi hermano y mi cuñada. Con cuidado de no hacer esfuerzos, sentándome siempre que podía, sin coger a mis sobrinos, bebiendo cosas sin alcohol... Así pasó la mañana y yo callada sin hablar porque estaba esperando a que llegara mi chico que esa mañana trabajaba. Queríamos estar los dos. Cuando llegó fui a recogerle y nos dirigimos a casa de mis padres. Yo estaba temblando de los nervios y porque no sabía muy bien como empezar a hablar. Me decía cosas en la cabeza, pero ninguna me convencía... Llamamos a casa de mis padres, nos abrieron, nos sentamos en el salón los cuatro, y antes de poner el culo en los sofás, mi chico dice: venga suéltalo ya. Y yo, que me había preparado en la cabeza cien discursos, lo único que me salió al abrir la boca fue: que estoy embarazada.
Y se hizo el silencio.
Y seguía el silencio.
Y allí nadie decía nada...
Y ya nerviosa perdida, le digo a mis padres: ¡pero no decías nada o qué! Y mi madre empezó a decir que estábamos locos, que por qué habíamos hecho eso, que teníamos que haber esperado a ver lo que nos decían en Valencia, que cómo habíamos estado para no esperar... En fín, una regañina en toda regla, y mi padre asintiendo todo el rato. ¡¡Vaya anuncio de embarazo!!
Ya más calmada empecé a explicarles que ya habíamos ido a Valencia, que había sido por tratamiento y que todo iba bien con mi útero. Y mi madre me echó otra regañina: que por qué no habíamos dicho nada, que hay que ver como somos, que un embarazo no se anuncia así, que por qué no había empezado por ahí...
Hasta que le dije: bueno, entonces no me felicitas o qué. Y ya por fín nos abrazaron, nos besaron, nos felicitaron y nos inflaron a preguntas sobre el tratamiento y sobre todo lo que habíamos hecho. Poco a poco fueron asumiendo la noticia y alegrándose cada vez más.
Y luego fuimos a casa de mi hermano que nos estaban esperando mis hermanos, mis cuñadas y mis sobrinos. Nos llevamos a mis padres y mi madre me pidió que no les diera la noticia como a ellos, que primero les explicara porque si no se iban a quedar a cuadros como les había pasado a ellos.
Así lo hicimos, empezamos explicando que habíamos ido a que me revisaran el útero, que habían visto que todo estaba perfecto, que en seguida me pusieron en tratamiento, que nos habían transferido dos embriones y que estaba embarazada. Ahí si fue un jolgorio, mis hermanos, mis cuñadas, mis sobrinos, todos abrazándonos, grittando, cantando. Fue un momentazo. A pesar de las reservas, del miedo, de que ellos también temían que no fuera bien, preferimos disfrutar de ese instante de felicidad.